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Zoonosis en verano: ¿qué debe vigilar un veterinario?

Zoonosis en verano: ¿qué debe vigilar un veterinario?

10/Jul/2025

El calor aprieta, los insectos proliferan y con ellos, también lo hacen las enfermedades. Durante los meses de verano, ciertas zoonosis encuentran el escenario perfecto para aparecer o intensificarse. Ya sea en clínicas veterinarias urbanas o en explotaciones ganaderas, el riesgo de transmisión entre animales y humanos aumenta notablemente.

Pero, ¿qué zoonosis son más frecuentes en esta época del año? ¿Qué signos deben levantar sospechas? ¿Y cómo podemos proteger tanto a los animales como a las personas?

A continuación, repasamos de forma práctica y rigurosa las principales zoonosis estivales y las medidas esenciales para su prevención y control.

Más calor, más vectores… más riesgo

El verano altera el equilibrio biológico: las altas temperaturas y la humedad favorecen la aparición de vectores como mosquitos, pulgas y garrapatas, al tiempo que aumentan las actividades al aire libre, los desplazamientos vacacionales, las estancias en residencias caninas o los transportes de animales de producción.

Todo ello crea un entorno ideal para que ciertas enfermedades zoonóticas se propaguen más fácilmente… y es ahí donde el veterinario debe estar alerta.

Las zoonosis que no se van de vacaciones

Una de las más conocidas en nuestro entorno es la leishmaniosis, una enfermedad endémica en muchas zonas de España, transmitida por flebotomos que se activan con fuerza en verano. En consulta, los veterinarios deben estar especialmente atentos a perros sin protección adecuada o con signos compatibles.

Otra habitual de esta estación es la giardiasis, que afecta con frecuencia a cachorros y animales inmunodeprimidos, especialmente si han estado expuestos a aguas contaminadas o espacios comunes mal higienizados. Aunque a menudo pasa desapercibida, es potencialmente transmisible al ser humano.

En animales de producción, el riesgo se traslada a otras enfermedades como la salmonelosis, cuyo auge en verano suele relacionarse con la conservación deficiente del agua o del pienso, y que puede afectar tanto al ganado como a los trabajadores.

Y no podemos olvidar algunas zoonosis que pasan más desapercibidas, pero no por ello menos relevantes. La tiña o dermatomicosis, por ejemplo, encuentra en el calor y la humedad un caldo de cultivo ideal, afectando a perros, gatos… y a sus propietarios. O la toxoplasmosis, especialmente importante en contextos de inmunosupresión o embarazo, y cuya prevención depende en gran medida del asesoramiento profesional que demos desde la clínica.

Por último, en el ámbito rural, enfermedades como la fiebre Q (causada por Coxiella burnetii) suponen un riesgo real para veterinarios, ganaderos y operarios de granja, al transmitirse fácilmente por aerosoles procedentes de fluidos animales.

El papel del veterinario: clave en salud pública

La responsabilidad del profesional veterinario no se limita al diagnóstico y tratamiento. También debe anticiparse, formar y proteger. El verano es el momento ideal para:

  • Reforzar las pautas de control vectorial y antiparasitario.

  • Promover medidas de bioseguridad en explotaciones y residencias.

  • Educar a los propietarios sobre higiene, prevención y signos de alerta.

  • Y por supuesto, notificar de forma responsable aquellas enfermedades de declaración obligatoria.

En resumen

El verano no es solo una época de vacaciones. También es un momento crítico para la prevención de zoonosis, tanto en animales como en humanos. Reforzar el papel del veterinario como garante de la salud pública es más importante que nunca.

 | LEONVET

Distribuidor mayorista de productos zoosanitarios.

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